COMUNICACIONES Y MESA REDONDA

 

NORMATIVA PARA ENVIAR COMUNICACIONES


1.- Las comunicaciones que las hermanas o los hermanos cofrades deseen transmitir al Congreso deberán enviarse a través del correo electrónico del mismo. No se admitirán mas comunicaciones a partir del
15 de noviembre. Todas ellas se publicaran en la página web del Congreso una vez recibidas.

2.- El tema deberá ser alrededor del Congreso:

- de alguna de sus Ponencias
- de la Confraternidad Getsemaní
- de Semana Santa (reflexiones, datos históricos, hechos puntuales destacables...)
- de alguna de sus Cofradías o Hermandades
- el texto podrá ser en prosa o en poesía

3.- No deberá de exceder de 4 folios por una cara.

4.- Deberá hacerse constar el nombre y apellidos del autor o autora y la Hermandad o Cofradía a la que pertenece.

5.- Debido al poco tiempo de que se dispone para las Comunicaciones, y a los sólo
10 minutos por cada una de ellas, se escogerán aquellas que la Organización considere que inducen a reflexionar y aplicar la reflexión a los tiempos que vivimos.

6.- Invitamos a las Hermandades y Cofradías a animar a sus miembros a colaborar en este apartado del Congreso, que será sin duda alguna, donde se reflejará mejor la manera de ser, de actuar, de pensar... de cada una de ellas.

 

 

NORMATIVA PARA LA MESA REDONDA



1.- Tal como está establecido por la organización del Congreso, no habrá grupos de trabajo, como viene siendo habitual en las distintas ediciones del mismo. Creemos que hay otras fórmulas para facilitar la participación de los y las Congresistas.

2.- La mesa redonda estará formada por los dos ponentes mas dos personas invitadas por la hermandad. El público en general podrá participar activamente desde sus asientos (a través de micro) en las intervenciones.

 

COMUNICACIONES

 

La Oración del Huerto. Una visión con otros ojos…

 

 

José Antonio Iniesta

 

Habrá en estos días distintas miradas para este magnífico reflejo de un momento trascendente de la pasión de Cristo, que verán la belleza escultórica del “Paso Gordo” a través de la imaginería, de la historia de esta talla del reconocido escultor Federico Coullaut-Valera, de la espiritualidad que emana de la liturgia, del pasaje bíblico, de la procesión que alienta los corazones en el recoveco de las calles. Mi mirada tiene que ver con todo ello, pero se posa, como el vuelo de las aves que no tienen nido, desde un punto de vista literario, en la simbología que a veces se oculta a nuestros ojos  y que es pura luz del conocimiento.

Es, sin duda alguna, un drama cósmico el que refleja este grupo escultórico, de proporciones inmensas, de grandeza insoslayable. Que no se nos pierda su mensaje en la compleja urdimbre de las tradiciones…

Esta vivencia de Jesús en el Monte de los Olivos representa la visceral angustia, el temor a lo desconocido, que hermana lo humano con lo divino. Jesús, con toda su naturaleza celestial, con todo su grandioso destino, siente el vértigo, el vacío del abismo, a la hora de asumir un compromiso, y “suda gotas de sangre”. Revelador mensaje de la naturaleza humana que sufre, que teme, que tiembla ante la inminencia de una crucifixión y una muerte, y que se entrega a la voluntad de lo que considera más grande.

Qué hermoso sería que cada uno de los seres humanos comprendiéramos que siempre tenemos a nuestro alcance un destino glorioso, por designio del Padre, aunque sea regado con simbólicas gotas de sangre, que son, sin embargo, para nuestro alcance, el simple tributo de ser coherentes y afrontar las pruebas de la vida con la honestidad y la entereza del que sólo quiere aportar a su mundo una semilla de luz, una siembra de luz de estrellas, como las que contempló Jesús en esa oscura noche.

Miro los símbolos, como me enseñó a hacer, sin que ella se diera cuenta, mi madre. Y veo un olivo que habla con el lenguaje de los arquetipos, de los modelos cósmicos de la enseñanza divina. Nos transmite el mito que se enzarzaron Poseidón, dios de los mares, y Palas Atenea, diosa de la sabiduría, la fuerza contra el conocimiento, en una pugna para ver quién ofrecía a los seres humanos el mejor regalo.

Poseidón entregó, según unas versiones, un precioso caballo, para otros, agua que surgió de una roca. Palas Atenea ofreció el olivo, transmitiendo a los seres humanos su secreto. Sería su alimento, el remedio para curar sus heridas y un medio para iluminar con candiles sus oscuras noches. Más allá del mito, sólo Dios, el Principio y Final de todo cuanto existe, nos dio el olivo.

Nada es azar, todo se ajusta a un plan. Y el lenguaje de Dios también se expresa a través de la tradición oral y las creencias. Qué hermoso sería si para todos, en cualquier oscuridad que vivamos, el recuerdo de un Monte de los Olivos fuera alimento para el cuerpo, bálsamo para nuestras heridas y luz para alumbrar la oscura noche.

La palmera es uno de los árboles sagrados desde épocas remotas. Simboliza el triunfo espiritual, la hazaña mística, la victoria, la resurrección, que al fin y al cabo éste es el final de viaje, del alfa al omega, de la pasión de Cristo. Cuentan los cronistas antiguos, de la filosofía egipcia, que la palmera era utilizada para medir el tiempo, por el nacimiento de sus hojas, estableciendo, con el símbolo de una palma pintada, el año como parte de un calendario. Su propio dios de la eternidad, Heh, lleva consigo dos hojas de palmera. Por su capacidad de crecer donde no lo hace ningún otro árbol, sin agua, en la arena del desierto, es símbolo de renacimiento,  y al mismo tiempo representaba el Axis Mundi, el Eje del Mundo, asociado a Ra, el Sol. Su tronco, erguido, era una columna de la que surgían esas hojas como si fuera la bóveda celeste, dando sus frutos, los dátiles, asociados a las estrellas que forman constelaciones.

Siembra de luz de estrellas como alimento, resurrección y eternidad, es el resultado de la superación de las pruebas más duras, que en suma es la existencia, por más oscura que sea nuestra noche…

De ahí el cáliz de la santa cena, Santo Grial de tantas leyendas artúricas, como símbolo que es de la pura transmutación espiritual.

Y luego miro a los apóstoles, y pienso que hasta los más cercanos a la búsqueda de la Luz se duermen. ¿Cómo no han de dormirse entonces los que ni siquiera saben que existe? Es un sueño de lo más alegórico, pues Jesús está despierto. ¿Cómo va a dormir sabiendo que se enfrenta a un destino que le estremece?

Y allí, como mensajero de los reinos celestes, está la bella mirada del ángel, que sabe del plan, que le asiste, para que no sea más dura de lo necesario la soledad de quien se enfrenta a una terrible prueba: la que atormenta la mente, la que será cruel con  la carne, y todo ello para que el espíritu se libere… y el amor, que es luz, se manifieste…

¿Cuánto tiene que sufrir un ser divino para que los demás se den cuenta de que Dios existe?

 

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